Omraam Mikhäel Aïvanhov
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domingo, 19 de febrero de 2012
LA VÍA DEL SILENCIO
"El silencio es la expresión de la paz, de la armonía y de la perfección. Quien empieza a amar el silencio, quien comprende que el silencio les aporta las mejores condiciones para la actividad psíquica y espiritual, llega poco a poco, a realizarlo en todo lo que hace: cuando mueve objetos, cuando habla, cuando anda, cuando trabaja; en lugar de trastornarlo todo, se vuelve más atento, más delicado, más flexible y todo lo que hace queda impregnado de algo que parece proceder de algo que parece proceder de otro mundo, un mundo que es poesía, música, danza e inspiración."
martes, 29 de noviembre de 2011
EL ESPÍRITU HA DE ESTAR POR ENCIMA DE LA TÉCNICA (II)
Entre los discípulos de Bokuden había un hombre de extraordinaria destreza técnica. Caminando por la calle, este discípulo pasó junto a un caballo asustadizo que, de repente, le lanzó una coz, pero él giró hábilmente el cuerpo para esquivarla y evitó la lesión. Los transeúntes que lo presenciaron decían: "Bien merece que se diga de él que es uno de los mejores discípulos de Bokuden. Bokuden seguramente le trasmitirá sus secretos, aunque no se los pase a nadie más".
Pero cuando Bokuden se enteró del incidente, se llevó una desilusión y dijo: "Le he juzgado mal", y luego expulsó al discípulo de su escuela.
La gente no podía entender la manera de pensar de Bokuden y decidieron que nada podía hacerse aparte de observar cómo se comportaba el propio Bokuden en similares circunstancias.
Para ello, en una carretera por la que sabían que pasaría Bokuden engancharon a un carro un caballo de pésimo humor. Observándole de lejos a escondidas, se quedaron sorprendidos al ver a Bokuden evitar al caballo cruzándose al otro lado de la carretera.
Les pilló desprevenidos este resultado inesperado y después, confesando su estratagema, preguntaron a Bokuden la razón de que hubiera expulsado repentinamente a su discípulo.
Bokuden respondió: "Una persona con una actitud mental que le permite pasar despreocupadamente junto a un caballo sin considerar que pueda encabritarse es un caso perdido, por mucha técnica que estudie. Creí que era una persona de mucho mejor juicio, pero yo estaba equivocado.
Pero cuando Bokuden se enteró del incidente, se llevó una desilusión y dijo: "Le he juzgado mal", y luego expulsó al discípulo de su escuela.
La gente no podía entender la manera de pensar de Bokuden y decidieron que nada podía hacerse aparte de observar cómo se comportaba el propio Bokuden en similares circunstancias.
Para ello, en una carretera por la que sabían que pasaría Bokuden engancharon a un carro un caballo de pésimo humor. Observándole de lejos a escondidas, se quedaron sorprendidos al ver a Bokuden evitar al caballo cruzándose al otro lado de la carretera.
Les pilló desprevenidos este resultado inesperado y después, confesando su estratagema, preguntaron a Bokuden la razón de que hubiera expulsado repentinamente a su discípulo.
Bokuden respondió: "Una persona con una actitud mental que le permite pasar despreocupadamente junto a un caballo sin considerar que pueda encabritarse es un caso perdido, por mucha técnica que estudie. Creí que era una persona de mucho mejor juicio, pero yo estaba equivocado.
Gichin Funakoshi
(Los veinte principios rectores del karate)
domingo, 6 de noviembre de 2011
EL ESPÍRITU HA DE ESTAR POR ENCIMA DE LA TÉCNICA (I)
Cierto día, el famoso maestro de espada del siglo XVI Tsukahara Bokuden decidió poner a prueba las capacidades de sus hijos. Primero llamó a su habitación a su hijo mayor, Hikoshiro. Cuando Hikoshiro abrió la puerta empujándola suavemente, notó que parecía más pesada de lo normal y, tanteando con la mano a lo largo del borde superior de la puerta, encontró y retiró un pesado reposacabezas de madera que había sido colocado allí; tras entrar en la habitación, lo volvió a poner cuidadosamente donde estaba.
Bokuden llamó entonces a su segundo hijo Hikogoro. Cuando el desprevenido Hikogoro abrió la puerta empujándola, el reposacabezas cayó, pero lo atrapó con rapidez y lo volvió a colocar en el lugar en que se encontraba.
Luego Bokuden llamó a su tercer hijo, Hikoroku. Cuando Hikoroku, que superaba con mucho a sus dos hermano mayores en capacidad técnica, abrió la puerta empujándola con energía, el reposacabezas cayó y le golpeó en el chonmage (moño tradicional). Con una acción refleja, Hikoroku sacó la espada corta que llevaba al cinto y cortó en dos el reposacabezas antes de que cayera al tatami que cubría el suelo.
Bokunden dijo a sus hijos: "Hikoshiro, has de ser tú quien trasmita nuestro estilo de espada. Hikohoro, si haces un gran esfuerzo y no abandonas, es posible que algún día llegues al nivel de tu hermano. Hikoroku, en el futuro seguramente provocarás la ruina de esta casa y deshonrarás el nombre de tu padre. Es inadmisible que alguien tan imprudente como tú siga en esta casa". Y con esto, repudió a Hikoroku.
Bokuden llamó entonces a su segundo hijo Hikogoro. Cuando el desprevenido Hikogoro abrió la puerta empujándola, el reposacabezas cayó, pero lo atrapó con rapidez y lo volvió a colocar en el lugar en que se encontraba.
Luego Bokuden llamó a su tercer hijo, Hikoroku. Cuando Hikoroku, que superaba con mucho a sus dos hermano mayores en capacidad técnica, abrió la puerta empujándola con energía, el reposacabezas cayó y le golpeó en el chonmage (moño tradicional). Con una acción refleja, Hikoroku sacó la espada corta que llevaba al cinto y cortó en dos el reposacabezas antes de que cayera al tatami que cubría el suelo.
Bokunden dijo a sus hijos: "Hikoshiro, has de ser tú quien trasmita nuestro estilo de espada. Hikohoro, si haces un gran esfuerzo y no abandonas, es posible que algún día llegues al nivel de tu hermano. Hikoroku, en el futuro seguramente provocarás la ruina de esta casa y deshonrarás el nombre de tu padre. Es inadmisible que alguien tan imprudente como tú siga en esta casa". Y con esto, repudió a Hikoroku.
Gichin Funakoshi
(Los veinte principios rectores del karate)
(Los veinte principios rectores del karate)
viernes, 28 de octubre de 2011
MANUAL PARA SUBIR MONTAÑAS
a) Has de saber la montaña que vas a subir. No te dejes llevar por los comentarios de otros, como "aquella es más bonita" o "ésta es más fácil". Vas a gastar mucha energía y mucho entusiasmo para lograr tu objetivo, por lo que eres el único responsable y debes estar seguro de lo que haces.
b) Has de saber llegar hasta delante de ella. Muchas veces, se ve la montaña desde lejos: bella, intenresante, llena de desafíos, pero, cuando intentamos aproximarnos, ¿qué ocurre? Las carreteras la rodean, hay bosques entre tú y tu objetivo, lo que parece claro en el mapa es dfícil en la vida real. Por tanto, prueba todos los caminos, los senderos, hasta que un día estés delante de la cima que pretendes alcanzar.
c) Aprende de quien ya caminó por allí. Por más que te consideres único, siempre hay alguien que tuvo ese mismo sueño antes y acabó dejando marcas que pueden facilitar la caminata: lugares en los que colocar la cuerda, senderos, ramas rotas para facilitar la marcha. La caminata es tuya y la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.
d) Los peligros, vistos de cerca, son vencibles. Cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a tu alrededor. Hay despeñaderos, claro. Hay grietas imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas, que se vuelven escurridizas como el hielo, pero, si sabes dónde colocas el pie, notarás las trampas.
e) El paisaje cambia, conque aprovéchalo. Claro que es necesario tener un objetivo fijado: llegar a lo alto, pero, a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas y no cuesta nada parar de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama circundante. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos: aprovéchalo para descubrir cosas que aún no habías advertido.
f) Respeta tu cuerpo. Sólo consigue subir una montaña quien presta al cuerpo la atención que merece. Tienes todo el tiempo que la vida te da, por lo que debes caminar sin exigir lo que se te puede dar. Si andas demasiado deprisa, acabarás cansado y desistirás a la mitad. Si andas muy despacio, puede caer la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de las frutas que la naturaleza te da, generosa, pero sigue andando.
g) Respeta tu alma. No te repitas todo el tiempo. "Voy a conseguirlo". Tu alma ya lo sabe, lo que ésta necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. Una obsesión no ayuda nada a la búsqueda de tu objetivo y acaba privándote del placer de la escalada, pero, atención, tampoco te repitas: "Es más difícil de lo que pensaba", porque eso te hará perder la fuerza interior.
h) Prepárate para caminar un kilómetro de más. El recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que piensas. No te engañes, ha de llegar el momento en que lo que parecía cerca esté aún muy lejos, pero, como estás dispuesto a llegar lejos, eso no llega a ser un problema.
i) Alégrate cuando llegues a la cumbre. Llora, da palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allí arriba (porque allí, en la cima, siempre sopla viento) purifique tu mente, refresque tus pies sudados y cansados, abra tus ojos, limpie el polvo de tu corazón. Qué bien: lo que antes era sólo un sueño, una visión distante, ahora es parte de tu vida, lo has conseguido.
j) Haz una promesa. Aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías y dite que a partir de ahora la usarás durante el resto de tus días. De preferencia, promete también descubrir otra montaña y partir hacia una nueva aventura.
k) Cuenta tu historia. Sí, cuenta tu historia. Da tu ejemplo. Di a todos que es posible y otras personas sentirán entonces el valor para afrontar sus propias montañas.
b) Has de saber llegar hasta delante de ella. Muchas veces, se ve la montaña desde lejos: bella, intenresante, llena de desafíos, pero, cuando intentamos aproximarnos, ¿qué ocurre? Las carreteras la rodean, hay bosques entre tú y tu objetivo, lo que parece claro en el mapa es dfícil en la vida real. Por tanto, prueba todos los caminos, los senderos, hasta que un día estés delante de la cima que pretendes alcanzar.
c) Aprende de quien ya caminó por allí. Por más que te consideres único, siempre hay alguien que tuvo ese mismo sueño antes y acabó dejando marcas que pueden facilitar la caminata: lugares en los que colocar la cuerda, senderos, ramas rotas para facilitar la marcha. La caminata es tuya y la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.
d) Los peligros, vistos de cerca, son vencibles. Cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a tu alrededor. Hay despeñaderos, claro. Hay grietas imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas, que se vuelven escurridizas como el hielo, pero, si sabes dónde colocas el pie, notarás las trampas.
e) El paisaje cambia, conque aprovéchalo. Claro que es necesario tener un objetivo fijado: llegar a lo alto, pero, a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas y no cuesta nada parar de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama circundante. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos: aprovéchalo para descubrir cosas que aún no habías advertido.
f) Respeta tu cuerpo. Sólo consigue subir una montaña quien presta al cuerpo la atención que merece. Tienes todo el tiempo que la vida te da, por lo que debes caminar sin exigir lo que se te puede dar. Si andas demasiado deprisa, acabarás cansado y desistirás a la mitad. Si andas muy despacio, puede caer la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de las frutas que la naturaleza te da, generosa, pero sigue andando.
g) Respeta tu alma. No te repitas todo el tiempo. "Voy a conseguirlo". Tu alma ya lo sabe, lo que ésta necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. Una obsesión no ayuda nada a la búsqueda de tu objetivo y acaba privándote del placer de la escalada, pero, atención, tampoco te repitas: "Es más difícil de lo que pensaba", porque eso te hará perder la fuerza interior.
h) Prepárate para caminar un kilómetro de más. El recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que piensas. No te engañes, ha de llegar el momento en que lo que parecía cerca esté aún muy lejos, pero, como estás dispuesto a llegar lejos, eso no llega a ser un problema.
i) Alégrate cuando llegues a la cumbre. Llora, da palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allí arriba (porque allí, en la cima, siempre sopla viento) purifique tu mente, refresque tus pies sudados y cansados, abra tus ojos, limpie el polvo de tu corazón. Qué bien: lo que antes era sólo un sueño, una visión distante, ahora es parte de tu vida, lo has conseguido.
j) Haz una promesa. Aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías y dite que a partir de ahora la usarás durante el resto de tus días. De preferencia, promete también descubrir otra montaña y partir hacia una nueva aventura.
k) Cuenta tu historia. Sí, cuenta tu historia. Da tu ejemplo. Di a todos que es posible y otras personas sentirán entonces el valor para afrontar sus propias montañas.
Paulo Coelho
(Como el río que fluye)
(Como el río que fluye)
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